domingo, 20 de enero de 2008

QUIERO SER AMA DE CASA


Añadir vídeo
Fue un día de hace un par de años. Era medio día, a eso de las doce más o menos. Había tenido unas horas ajetreadas, ( como siempre.) Me levante a eso de las 7 de la mañana, preparé los desayunos para toda la familia. A las 8, levanta a las niñas, y corre, ayuda para vestirlas y corre, almuerzos y corre, subir al coche y corre en dirección al colegio. Las 9 de la mañana, una reunión con un cliente, se hacen las 10, sigo corriendo, visito un proveedor, se hacen las 11 y sigo corriendo en dirección a Mercadona. Hay atasco en las cajas, un embotellamiento en fila de señoras respetables que hacen la compra para los suyos al igual que yo. Consigo llenar las bolsas de la compra a una velocidad vertiginosa mientras la señora que me precede me empuja el resto de los productos que aún me quedan en la cinta tras portadora de la cajera nº 5 de dicho establecimiento. Un empujoncito más y casi me echan de un trompazo, al parecer, la susodicha, se debe de haber dejado el cocidito al fuego y por mi culpa se le estará quemando. Consigo llegar a la calle y me dirijo a mi lugar de aparcamiento. Doy un traspié al tropezar con una cochina piedrecilla que alguien dejó en el camino. Casi me mato. De repente, me miro y me observo desde una vista cenital, mirad me, pienso. Yo, toda mona y elegante, ese día me había puesto tacones, ( una reunión con un cliente, siempre requiere de unos cuántos centímetros de más, a las bajitas nos hace más respetables), mi traje chaqueta, repeiná a la última moda, y todos los requisitos que para tener una buena imagen se requieren. En una mano mi cartera de trabajo, el bolso colgado en bandolera, para dejar la otra extremidad superior libre, con lo cual, la otra mano la ocupo con cuarenta bolsas de Mercadona ( ya se que exagero), de repente me siento en la acera y me hecho a llorar. Lo de la liberación de la mujer, el cuento del feminismo, es una mierda.
¿ Para que diablos queremos demostrar lo mucho que valemos las féminas?, ¿ alguien se ha parado a pensar que esto no conduce a nada? Yo al menos, ya no tengo nada que demostrar a nadie, se de lo que soy capaz, lo llevo demostrando cuarenta y tantos años, y son demasiados.
La liberación del sexo débil, ( se supone que nosotras) ha sido un engaño. Queríamos salir de los fogones, de entre los pañales y de debajo de la autoridad masculina, ¿ y que nos ha costado a cambio? yo os lo digo, al menos por experiencia y las que de cerca me tocan, amigas, conocidas y alguna prima, andamos todo el día corriendo de un lado para otro, intentando hacer nuestro trabajo lo mejor posible, peleando, esquivando y toreando a nuestro jefe, a nuestros compañeros trepas, o a nuestros clientes en el caso de ser autónomos. Luego se nos exige atender a nuestros hijos lo mejor posible, educarlos, ayudarles con los deberes del colé, llevarlos al medico cuando se nos ponen malitos en horario laboral, alimentarlos, acostarlos y contarles un cuento ( pobrecitos, estos hijos de la emancipación) Con el marido, tres cuartos de lo mismo, siempre agradecen, además de alimentarlos y saciar les el estomago, que al acostarlos, les contemos otro cuento en ropa interior negra y sin ojeras. ( hay que joderse) y a nosotras ¿ quien nos arropa?lo del cuento vamos a dejarlo estar, porque empezaron a contarnolo en chino y aún no lo hemos entendido.
Por eso y por mucho más, yo reivindico mi derecho a ser una feliz ama de casa. Los cuidaré a todos por igual, les haré esas comiditas que tanto les gusta, y que yo disfruto cocinando, les contare lo divertido que fue pasar la jornada poniendo lavadoras, solo preocupan dome del número correcto del programa de centrifugado, y no del importe de la última declaración trimestral del IVA. Fregaré la vajilla y la cristalería, la dejaré reluciente mientras me olvido de las facturas de los proveedores. Iré a recoger a mis hijas al colegio como haces el resto de las mamas que siempre saben cuando sus niños tienen examen, cuando les toca gimnasia, o como se llama el profesor que sustituye a la de matemáticas. Quedaré con estas estupendas mamas a la salida del colé para tomar café y descubrir entre todas cual es la mejor marca de detergente, incluso seguro que comentamos el último chismorreo de Marbella, ¡ que guay, como me mola!
Por lo visto, volviendo a la realidad, al parecer, aún me quedan unos cuantos años para ser la super Woman, o como se escriba esta palabrota. Mientras tanto, pido disculpas a mis hijas, si al llegar la noche no me queda inventiva para contarles el cuento de la mariposa dorada que perdió su color al volar demasiado alto. Pido disculpas a mi marido si al llegar la noche, no me pongo la lenceria negra, porque se me olvido sacarla de la lavadora y ahora huele a humedad y hay que volverla a lavar, así que gracias por conformarte con las bragas de algodón, tamaño familiar, que usaba en los embarazos. Pido perdón a todos los que les afecte mi liberación y espero algún día que la consciencia no me pase factura por aquello verdaderamente importante que deje de hacer a cambio de traer un jornal digno a mi casa.
P.D. ¡ y soy bonísima en mi trabajo! eso es lo que pasa factura.
Firmado: una desquiciada más.

1 comentario:

lágrima de esperanza dijo...

Pompi, por suerte las mujeres empiezan a exigir más y a darse cuenta que somos seres de carne y hueso,y no superwoman.Y que hay muchas y estupendas cosas que sabemos hacer aparte de ser amas de casa. Un saludo